¿Cómo se llamó la invasión de la Unión Soviética por el Tercer Reich en 1941?

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La Operación Barbarroja, nombre en clave de la invasión de la Unión Soviética por Hitler, fue un momento clave de la Segunda Guerra Mundial. Hitler veía a la URSS como su principal adversario, tanto ideológica como estratégicamente, y lanzó esta ofensiva el 22 de junio de 1941. Su objetivo era ocupar rápidamente la inmensidad de la Unión Soviética y derrocar el régimen de Stalin.

Con más de tres millones de soldados, miles de tanques y aviones y artillería pesada, la ofensiva se convirtió en la mayor maniobra militar terrestre de todos los tiempos. Sin embargo, a pesar de un comienzo prometedor, las fuerzas alemanas se toparon con la resistencia del Ejército Rojo, favorecido por su número, geografía y clima.

Este enfrentamiento se convirtió en una sangrienta guerra de desgaste, que costó millones de vidas e influyó enormemente en el desenlace de la guerra.

Operación Barbarroja: antecedentes de la operación

La decisión estratégica de Hitler

La ambición de Hitler era desmantelar la Unión Soviética, su gran rival ideológico y geopolítico, para neutralizar lo que percibía como una amenaza para Alemania y el ideal de la raza aria.

Su visión también estaba teñida de desprecio por los eslavos y los judíos, acusados estos últimos de encarnar el bolchevismo. Soñaba con extender la hegemonía alemana hacia el este para establecer colonias y explotar recursos, una ambición resumida en la búsqueda del Lebensraum (espacio vital).

Tras concluir un pacto de no agresión con Stalin en 1939, que les permitía repartirse Polonia y evitar el riesgo de un conflicto en dos frentes, Hitler consideraba que este acuerdo era temporal y pretendía romperlo una vez que Europa Occidental estuviera bajo su control.

La rápida victoria sobre Francia en junio de 1940 le dio confianza en su capacidad para atacar a la URSS, a la que percibía como vulnerable. El 18 de diciembre de 1940 ordenó la preparación de la Operación Barbarroja, prevista inicialmente para el 15 de mayo de 1941.

Los objetivos ideológicos y territoriales del Tercer Reich

La Operación Barbarroja pretendía destruir el comunismo y el judaísmo, enemigos designados del nazismo, suprimir el régimen de Stalin, calificado de judeo-bolchevique, y exterminar a los judíos soviéticos.

Hitler también preveía la subyugación o eliminación de las poblaciones eslavas y la promoción de una nueva Europa bajo dominio alemán, diseñada para asegurar la preeminencia de Alemania como soberana de los territorios conquistados.

En términos territoriales, la ofensiva pretendía conquistar grandes franjas de la URSS, desde el Báltico hasta el Mar Negro y desde el Volga hasta los Urales, para apoderarse de puntos estratégicos como Leningrado, Moscú, Kiev y los yacimientos petrolíferos del Cáucaso.

Hitler esperaba aislar a la URSS de sus aliados occidentales y controlar la línea Arkhangelsk-Astrakhan, establecer una frontera infranqueable en el Este y crear zonas de ocupación para una colonización despiadada.

Operación Barbarroja: preparativos militares y logísticos

Más de tres millones de soldados alemanes, apoyados por una armada de tanques, aviones y artillería, y reforzados por fuerzas aliadas de Rumania, Hungría, Italia, Eslovaquia y Finlandia, fueron desplegados para la Operación Barbarroja, la mayor ofensiva terrestre jamás emprendida.

Basado en la estrategia Blitzkrieg, el plan consistía en romper las líneas enemigas con un ataque rápido y rodear a las fuerzas soviéticas para aniquilarlas.

A pesar de una meticulosa preparación, que incluía espionaje y propaganda para ocultar sus verdaderas intenciones, el mando alemán subestimó la resistencia de la URSS y descuidó los retos logísticos asociados a la envergadura de su empresa.

El lanzamiento de la ofensiva se retrasó por las intervenciones en Grecia y Yugoslavia, y la guerra comenzó sin que estuviera garantizada la neutralidad del Reino Unido y Estados Unidos, lo que en última instancia frustró los planes alemanes.

Operación Barbarroja: desarrollo y fases decisivas

El ataque del 22 de junio de 1941

La Operación Barbarroja comenzó a las 3 de la madrugada, hora de Moscú, del 22 de junio de 1941. Esta ofensiva sorpresa, llevada a cabo sin ningún anuncio formal de guerra, cubrió un frente de 2.900 kilómetros de ancho, desde el Mar Báltico hasta el Mar Negro. Las fuerzas del Eje gozaron de superioridad aérea desde el principio y el efecto sorpresa perturbó considerablemente las defensas soviéticas.

Las primeras fases del ataque se caracterizaron por intensos bombardeos y ataques de artillería, dirigidos principalmente contra aeródromos, puentes e instalaciones estratégicas soviéticas, que causaron daños considerables.

Las unidades blindadas alemanas penetraron rápidamente en las defensas enemigas, provocando que los soviéticos, mal preparados para tal eventualidad, se vieran rodeados y sufrieran considerables pérdidas de hombres y material.

Las grandes batallas y el avance alemán

Dividida en varias fases cruciales, la Operación Barbarroja incluyó importantes batallas y avances de las fuerzas alemanas. La primera fase, del 22 de junio al 9 de julio, supuso la aniquilación de los ejércitos fronterizos soviéticos y la captura de más de 300.000 soldados soviéticos, lo que permitió un avance de 500 kilómetros en territorio enemigo.

Del 10 de julio al 30 de septiembre, las tropas alemanas persiguieron objetivos estratégicos hacia Leningrado, Moscú y el Cáucaso. Se registraron victorias significativas en Smolensk, Uman y Odesa.

Sin embargo, la resistencia soviética se hizo más organizada y decidida, sobre todo en Yelnya, Leningrado y Kiev, provocando contraataques. Las dificultades logísticas y las malas condiciones meteorológicas debilitaron el ímpetu de las fuerzas alemanas.

La fase final, del 1 de octubre al 5 de diciembre, estuvo dominada por la operación Tifón, el último intento del año de capturar Moscú. Aunque al principio lograron romper las defensas soviéticas, los alemanes fueron finalmente detenidos en las afueras de Moscú por la firmeza de los defensores y el duro invierno ruso.

Resistencia y contraofensiva soviéticas

La Operación Barbarroja, un gran fracaso estratégico para Alemania, no se tradujo en la rápida victoria sobre la URSS que se esperaba en 1941.

A pesar de las considerables pérdidas, los soviéticos opusieron una resistencia notable. Su éxito se basó en varios pilares: una impresionante movilización de recursos, la deslocalización de la industria hacia el Este, el apoyo material de los Aliados occidentales a través del lend-lease, una moral inquebrantable entre las tropas y la población, y una capacidad de adaptación e innovación militar.

El frío invierno ruso también jugó a su favor. El 5 de diciembre, la iniciativa de una contraofensiva global marcó el inicio de la retirada alemana, infligiendo a los invasores su primera gran derrota de la guerra y allanando el camino hacia la victoria final.

Consecuencias inmediatas e impacto a largo plazo

El fracaso en Moscú y el punto de inflexión en la guerra

El fracaso de la Operación Barbarroja frente a Moscú marcó un punto de inflexión decisivo en la Segunda Guerra Mundial, poniendo fin a las victorias consecutivas de Alemania, que había conquistado casi toda Europa en menos de dos años.

La derrota puso al descubierto la vulnerabilidad de la Wehrmacht, que sufrió grandes pérdidas en hombres y material, y la privó de toda capacidad para reanudar con éxito la ofensiva.

El acontecimiento demostró la resistencia de la URSS frente a la agresión nazi, infligiéndole su primera gran derrota. Aumentó la moral y la confianza de los soviéticos, galvanizándolos en su incesante lucha por defender su patria.

También llevó a los aliados occidentales a intensificar su apoyo a la URSS y a planear una nueva ofensiva en un segundo frente en Europa. Además, este fracaso precipitó la entrada de Estados Unidos en la guerra contra Alemania el 11 de diciembre de 1941, tras el ataque japonés a Pearl Harbor.

El fracaso contra Moscú marcó, por tanto, el principio del fin del Tercer Reich, envuelto ahora en un conflicto multifrontal imposible de ganar.

Pérdidas humanas y destrucción material

La Operación Barbarroja sigue siendo la mayor y más sangrienta operación militar de la historia, con millones de muertos, heridos y desaparecidos tanto en el bando alemán como en el soviético.

Las estimaciones varían, pero se calcula que las fuerzas alemanas perdieron unos 800.000 soldados, 1,4 millones resultaron heridos y 1,1 millones fueron hechos prisioneros, para un total de 3,3 millones de combatientes puestos fuera de combate.

Las pérdidas soviéticas fueron aún mayores, con unos 4,5 millones de muertos, 3,6 millones de heridos y 3,3 millones de prisioneros, para un total de 11,4 millones de combatientes afectados.

La población civil no se salvó, con más de 10 millones de civiles soviéticos muertos, entre ellos 1,5 millones de judíos ejecutados por los Einsatzgruppen, sin contar los 100.000 civiles alemanes muertos por los bombardeos soviéticos.

Además de la terrible pérdida de vidas humanas, la Operación Barbarroja causó una destrucción material masiva, devastando las economías e infraestructuras de ambas naciones. Miles de ciudades, pueblos, fábricas, puentes, carreteras y vías férreas quedaron reducidos a ruinas o gravemente dañados, dando testimonio de la magnitud del desastre.

Las repercusiones políticas y militares del conflicto mundial

La Operación Barbarroja tuvo considerables repercusiones políticas y militares en la Segunda Guerra Mundial. Desde el punto de vista político, acercó a la URSS y a los aliados occidentales, formando una coalición contra la Alemania nazi y sus aliados.

Este contexto también favoreció la aparición de un movimiento de resistencia en la URSS, así como un sentimiento nacional y patriótico entre el pueblo soviético que trascendía las divisiones étnicas y sociales. También impulsó el prestigio y el poder de Stalin, convirtiéndolo en un símbolo de la lucha contra el fascismo.

En el plano militar, obligó a los alemanes a librar una guerra de desgaste en un frente enorme, movilizando gran parte de sus recursos y obligándoles a luchar contra la superioridad numérica y material de las fuerzas soviéticas, apoyadas por los Aliados occidentales.

Esto permitió a la URSS tomar la iniciativa, lanzando ofensivas que hicieron retroceder a las fuerzas alemanas hasta Berlín. También impulsó a los aliados occidentales a abrir un segundo frente en el norte de África, Italia y Francia, reduciendo la presión sobre la URSS y acelerando la derrota de la Alemania nazi.

La Operación Barbarroja fue, por tanto, un factor decisivo en la victoria aliada y la caída del Tercer Reich.

La Operación Barbarroja fue la mayor y más mortífera campaña militar de la historia. Desempeñó un papel central en la Segunda Guerra Mundial, enfrentando a dos fuerzas con ideologías diametralmente opuestas: el nazismo y el comunismo, representados respectivamente por Alemania y la URSS.

El fracaso estratégico de los alemanes fue evidente, ya que no pudieron alcanzar su objetivo de derrotar a la URSS en 1941. Este fracaso puso de manifiesto la robustez y capacidad de reacción de los soviéticos, que infligieron su primer revés significativo a las fuerzas alemanas, sentando las bases de la futura victoria de los Aliados. Las pérdidas humanas fueron colosales, con millones de muertos, heridos y desaparecidos en ambos bandos.

Además, las consecuencias materiales fueron desastrosas, con importantes destrucciones que afectaron a las economías e infraestructuras de los países afectados. Política y militarmente, la operación tuvo un gran impacto, acercando a la URSS a sus aliados occidentales y precipitando la entrada de Estados Unidos en la guerra.

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¿Cómo se llamó la invasión de la Unión Soviética por el Tercer Reich en 1941?

Respuesta

La Operación Barbarroja, lanzada el 22 de junio de 1941, fue el código de la invasión de la Unión Soviética por el Tercer Reich durante la Segunda Guerra Mundial.